Machu Picchu

Los Incas eran ingenieros excepcionales. LLegaron a construir más de 14.500 kilómetros de carreteras a lo largo del Imperio. Uno de sus mayores logros de ingeniería lo encontramos en la ciudad de Machu Picchu, que tras 400 años de abandono permanece con la mayoría de sus edificaciones y cientos de terrazas intactas. Algo difícil de conseguir en un enclave geográfico donde las precipitaciones sobrepasan los 2000 litros por metro cuadrado de media anual.
Aunque los Incas no dejaron documentos escritos sobre Machu Picchu, sabemos que esta ciudad fue diseñada minuciosamente para encontrarse en simbiosis con la naturaleza. Se construyó un canal de 800 metros de longitud para llevar el agua desde el manantial más cercano a la ciudad, abastecer sus 16 fuentes y regar las terrazas. Cientos de terrazas que sumaban unas 5 hectáreas de tierra de cultivo en las que principalmente sembraban maíz y patatas.
Se estima que vivieron entre 350 personas y 700 en casos puntuales. Sin embargo, con la extensión de terreno cultivable no se podía alimentar a más de 55 personas, por lo que debían importar comida.
Sorprende la precisión de la mampostería. Trabajaban la roca -granito- con las piedras de río más duras que encontraban y podían mover bloques de hasta 20 toneladas. Algunos de los dinteles de las edificaciones más importantes pesan más de 3 toneladas.
